La expresión antifrágil se debe atribuir al libanés Nassim Nicholas Taleb, autor de El Cisne Negro: El impacto de lo altamente improbable y de Lo antifrágil: Las cosas que se benefician del desorden.

 

El autor proclama que la incertidumbre debe ser algo deseable, incluso necesario, y propone que las cosas se construyan de una forma antifrágil, es decir, inmune a los errores de predicción. Y culmina su argumentación con una sentencia. Lo que no es antifrágil perecerá con toda seguridad.

Desde siempre, los inversores y profesionales financieros se han preocupado de como calcular los riesgos de las inversiones y de predecir su incidencia en nuestro patrimonio. Demasiado frecuentemente, se pretende evitar esos riesgos intentando predecir, casi siempre en vano, el suceso que los causará pero es más efectivo aceptar que siempre existirán riesgos impredecibles y no sólo inmunizarse ante ellos sino incluso aprovecharlos. Y aquí el autor propone dar la vuelta a los enfoques actuales sobre la predicción, el pronóstico y la gestión de riesgos. Nos proporciona ideas para pasar de lo frágil a lo antifrágil reduciendo o controlando la fragilidad. También para identificar esta fragilidad o antifragilidad aplicando la siguiente regla de asimetría: Todo lo que salga más beneficiado que perjudicado de sucesos aleatorios (o de ciertas crisis) será antifrágil; en caso contrario, será frágil.

En El cisne negro, Taleb planteó el problema que generan las consecuencias de las cosas que nadie puede prever, y en Antifrágil nos proporciona la solución del problema, es decir, cómo beneficiarnos de la incertidumbre y del desorden, protegiéndonos a la vez de los acontecimientos adversos. Lo que Taleb bautiza con la expresión “lo antifrágil” va más allá de la pura inmunización, puesto que se beneficia de los momentos de crisis del mismo modo que, según cita, los huesos humanos se robustecen cuando están sometidos al estrés y a la tensión. Lo “antifrágil” necesita del caos para resistir y obtener ventajas.  

Recogiendo el concepto de antifragilidad acuñado por Nassim Nicholas Taleb y aplicándolo al mundo de las inversiones, una inversión antifrágil puede ser una estrategia efectiva para enfrentar los altibajos del mercado y aprovechar las oportunidades de crecimiento. En este artículo, exploraremos algunos principios clave de la antifragilidad y cómo pueden aplicarse a la inversión.

1.- La Diversificación

La diversificación es uno de los pilares fundamentales de la inversión antifrágil. Consiste en distribuir la inversión entre diferentes activos, como acciones, bonos o bienes raíces, para minimizar el riesgo y maximizar los rendimientos potenciales. Un porfolio diversificado es menos vulnerable a las fluctuaciones del mercado y puede beneficiarse de la fuerza de diferentes sectores y geografías. Por ejemplo, si hablamos de la inversión en renta variable con una diversificación realmente global a través de fondos de inversión vemos que a lo largo de los años la composición de estos ha variado, eliminando de la cartera a aquellas compañías frágiles. Seguramente, estas inversiones frágiles que desaparecen del fondo de inversión lo han hecho como consecuencia de la aparición de nuevas compañías más resilientes e innovadoras siendo incorporadas a este fondo sustituyendo a las primeras. Pero invertir en un número elevado de compañías y mantener esa cartera invariable durante muchos años no sería antifrágil ya que no habría sustitución y podríamos encontrarnos al cabo de los años con unas pocas supervivientes y pérdidas de nuestro capital.  Un conjunto diversificado de inversiones que de forma individual tendrían un grado de fragilidad elevado genera una inversión antifrágil siempre y cuando haya mecanismos de sustitución.

Ninguna inversión individual es antifrágil y en contraposición, la antifragilidad está en el “Todo”. Entendiendo el “Todo” como un conjunto significativamente representativo de todas las inversiones posibles, compañías, sectores o zonas geográficas. Está claro que la diversificación debe ser inteligente y realizada con criterios profesionales que incorporen mecanismos de sustitución o descorrelación de activos.

2.- El tiempo

Siempre que se cumpla con el punto anterior, también el paso del tiempo es un factor de antifragilidad de las inversiones. Me baso en el concepto de que “el Progreso Mundial” se produce de forma natural con el simple transcurrir del tiempo, lo contrario se antoja imposible, y lo demuestra el hecho de que todavía no se ha acuñado la expresión “el Regreso Mundial”. Por eso es tan importante definir adecuadamente el horizonte temporal de nuestras inversiones, pero repito, esto será antifrágil siempre que se cumpla con el punto número 1.

3.- La inversión periódica y sistemática

La inversión periódica y sistemática es una estrategia de inversión que se basa en realizar inversiones de importe constante, regulares y planificadas en intervalos de tiempo predeterminados, independientemente de las fluctuaciones del mercado. Esta estrategia se puede incorporar al enfoque antifrágil porque aprovecha automáticamente las oportunidades de inversión y no sólo minimiza el impacto de la volatilidad si no que se beneficia de ella.

La inversión periódica implica invertir regularmente una cantidad fija de dinero en un intervalo de tiempo predeterminado. Por ejemplo en 10 o 20  años si nuestro plan es el de generar un patrimonio poco a poco o en 12 meses si deseamos invertir un capital ya existente pero gradualmente. Esto permite minimiza el impacto de las fluctuaciones del mercado en la estrategia de inversión. Además, la inversión periódica puede ayudar a los inversores a evitar la tentación de tratar de adivinar «el timing» del mercado y no sólo evitar sus altibajos, quedarse enganchado, sino lograr aprovecharse de ellos adquiriendo más participaciones en momentos de precios especialmente bajos.

La inversión sistemática implica seguir un plan de inversión basado en una estrategia predeterminada, sin dejarse llevar por las emociones o las tendencias del mercado. Las emociones son sin duda unos de los factores que mayor fragilidad acarrea a la hora de invertir.

4.- La definición de los objetivos o metas.

Para mí, y como financial planner, este es el punto que añade más antifragilidad a cualquier inversión porque, como explico en mi libro “Las Finanzas de la Vida”, el dinero sirve para vivir. Por lo tanto, me refiero a objetivos vitales, como reformar la cocina, pagar los estudios universitarios de los hijos, eliminar una deuda, poder pagar la aceptación de la herencia o vivir dignamente durante la vejez. La rentabilidad no es un objetivo, es una consecuencia de invertir de manera antifrágil. Muchos estudios sobre finanzas conductuales han demostrado que tener como único objetivo el de obtener una rentabilidad anual igual o superior a la de un índice o de la que obtendríamos del alquiler de un inmueble, es uno de los factores de mayor fragilidad a la hora de abordar una inversión. Es cuestión de tiempo que acabe fallando. El progreso mundial, que es el único motor antifrágil de la rentabilidad, no se rige por el calendario gregoriano. Lo que se trata es de capitalizar el ahorro para que no pierda valor real, venciendo a la inflación, a la fiscalidad y a demás obtener el plus, el valor añadido, que otorga la genialidad humana, o sea, el progreso.

Cuando el inversor va cambiando continuamente de activo buscando el que está más de moda creyendo que le pueda proporcionar la máxima rentabilidad anual, mensual, semanal o en media mañana, no consigue mayores ganancias que el que mantiene una inversión diversificada durante años. De hecho, la mayoría acaba perdiendo y abandonando.

Tengo la convicción de que no ha nacido todavía la persona capaz de mantener la inversión en un activo financiero durante por ejemplo 10, 20 o más años, si no es que tiene un muy visualizado un objetivo vital, una meta y además tiene elaborado un plan a largo plazo para conseguirla. Es muy inusual encontrar a alguien que tenga un auténtico plan financiero vital.

5.- La Protección

Si estamos de acuerdo que la inversión debe tener como objetivos conseguir aquellas metas que hagamos definido para nosotros y los nuestros, un factor de antifragilidad será la protección del patrimonio y del capital humano. Esto se consigue mediante los pertinentes seguros que nos protejan ante daños al patrimonio (hogar y otras propiedades) y seguros de vida que protejan a las personas a las que va destinada esa inversión. Las propiedades y las personas son frágiles y hay que protegerlas. De nada sirve tener un plan financiero bien elaborado para alcanzar unas metas si la persona generadora del ahorro fallece o sufre una invalidez o si el patrimonio existente sufre daños o ruina. El objetivo no se alcanzará. Por lo tanto, la protección del patrimonio y sobre todo del capital humano mediante la contratación de los seguros pertinentes y bien definidos nos proporcionará antifragilidad al sistema porqué mitigará la fragilidad de algunos de sus elementos más cruciales.

6.- El Seguimiento

Revisar y ajustar la estrategia de inversión periódicamente en función de los cambios en la economía y el mercado financiero, pero sobre todo ante posibles cambios en nuestros objetivos o simplemente para reafirmarlos, es antifrágil. Sin este seguimiento se corre el riesgo de distraerse por el camino y no llegar al objetivo o de seguir con un vehículo que nos lleva a un objetivo que ya no existe.

En resumen, conocer y aplicar la idea de la antifragilidad a las inversiones es una estrategia poderosa para prosperar a pesar de la incertidumbre y conseguir nuestras metas vitales. Con la diversificación a prueba de compañías, sectores o zonas geográficas frágiles, la determinación de horizontes temporales adecuados, la implementación de estrategias de inversión periódica y sistemática, una adecuada protección y el seguimiento periódico de un plan,  los inversores pueden aprovechar momentos de fragilidad de los mercados tornándolos en oportunidades de inversión, minimizar el impacto de la volatilidad y alcanzar sus objetivos financieros a lo largo de su vida de manera efectiva.

Xavier Malvehy

Financial Planner acreditado por la EFPA