A lo largo de los años ejerciendo de planificador de patrimonios familiares me he encontrado con una realidad que olvida las necesidades financieras de las personas más allá de la edad de jubilación. Los llamados Senior. De los muchos objetivos financieros que puede tener una persona a lo largo de su vida, parece como si el último y de más largo plazo fuera el de ahorrar para asegurarse una buena jubilación a los 65 años aproximadamente. Más allá de ese hito, ya no existen objetivos, más que el de congelar el patrimonio para irlo gastando ya sea en forma de rentas o en forma discrecional. A partir de ese momento parece que solo se deba contemplar el corto plazo, el objetivo es cobrar esa renta el mes que viene o durante el año en curso y más allá ya se verá. Total, se va a morir pronto. Esta idea lleva a que lo normal sea aconsejar a los seniors a tener el patrimonio aparcado en una cuenta corriente o invertido de manera muy conservadora sin posibilidad de superar la carcoma que suponen la inflación y los impuestos.
Este pensamiento está, pienso que erróneamente, tan implantado socialmente que tanto la industria y como la propia normativa que vela por la protección del ahorrador, acaban perjudicando enormemente a la salud financiera de esos seniors, de sus familiares y de la sociedad. Detecto pues un edadismo financiero, que condena a la pérdida de sus ingresos y de su patrimonio. Es ese mismo edadismo que denuncia mi amigo el Dr. Manel Domínguez en su magnífica obra Sénior. La vida que no cesa (Ed Diëresis.2023)
Me explico. En finanzas, se considera corto plazo a un periodo entre 0 y 3 años, medio plazo a un periodo de entre 3 y 10 años y más allá de los 10 años, hablamos de largo plazo.
En principio, los asesores debemos aconsejar que a un menor horizonte temporal corresponde un menor riesgo de la inversión, entendiendo como riesgo (según dicta la norma) a la probabilidad de una pérdida (oscilación) del capital en un plazo de un año. Por ejemplo, si la renta variable (mercado de acciones) puede tener una bajada histórica de precios del 10% ó 15% en un año y la renta fija (mercado de bonos) la puede tener de un 4% ó 5%, la segunda opción tiene menos riesgo que la primera.
Bueno, esto puede ser cierto a corto plazo, pero si nos adentramos en el medio o largo plazo la cosa funciona al revés ya que existe otro factor que incide en la pérdida de capital y que se llama inflación. En plazos un poco más largos, la renta variable podrá conservar mucho mejor el valor real del capital que la renta fija o la liquidez. Y si no, habría que preguntárselo a todas esas personas que han tenido su dinero invertido en renta fija durante más de 10 años. Todos han perdido capital. En cambio, la renta variable ha podido llegar a duplicarlo.
Y es que cuando se habla de riesgo en las inversiones, hay dos conceptos que hay que tener claros:
1.- Es erróneo y financieramente perjudicial asignar un perfil de riesgo a la persona (aunque eso es a lo que nos obliga la norma a los asesores financieros). Uno dice que tiene un perfil conservador, otro equilibrado y otro que es dinámico, más arriesgado. El perfil de riesgo debe asignarse más bien al horizonte temporal del objetivo que persigamos. Es decir, si quiero invertir para capitalizar mi dinero hasta el año que viene porque mi objetivo es comprarme un coche, deberé considerar un perfil de riesgo muy bajo e invertir en activos del mercado monetario (letras del tesoro o similares) con vencimiento menor al año o dejarlo en una cuenta corriente perdiendo como máximo y como mínimo ese 2% ó 3% (inflación anual). Pero si mi objetivo es tener un mayor capital dentro de 10, 20 o 30 años, la inversión anterior será muy arriesgada ya que no conservaré el valor real de mi capital. Sería desastrosa, pues en, por ejemplo 15 años, se perderá el 50% de su valor.
2.- El riesgo de pérdida esta en cualquier sitio, en la cuenta corriente por la inflación, porque me la pueden jaquear, embargar, robarme la tarjeta, etc, en un depósito garantizado a plazo porque el banco puede quebrar y si la entidad es muy grande el Fondo de Garantía de Depósitos no podrá pagarnos a todos los depositantes de ese banco, en una o unas pocas acciones porque hasta la empresa más grande y aparentemente sólida puede desaparecer del mapa (Enron, Lehman Brothers, Banco Popular, etc), en un piso para alquilar porque por culpa del Ayuntamiento, del barrio que se vuelve tóxico, el inquilino que deja de pagar o lo destroza todo o aparece un vecino de la escalera indeseable, ya nadie lo quiere alquilar ni comprar. Cualquier inversión puede fallar, hasta los sellos.
Lo único que no tiene riesgo es el “Todo”. Es decir, todo no puede fallar a no ser que el Mundo se acabe y entonces el dinero tampoco importará perderlo. Por eso cuando más repartamos la inversión menor riesgo corremos. Es la archiconocida diversificación que nadie acaba de aplicar adecuadamente. Las personas con enormes patrimonios pueden diversificar en cualquier mercado (financiero o inmobiliario). Para patrimonios más normales el único mercado que permita diversificar mundialmente es el financiero, tanto en renta fija como variable. No pueden tener inmuebles de todo tipo y en todo el mundo, pero si pueden tener participaciones acordes a su patrimonio de enormes fondos de inversión globales. Jamás ha sucedido que la renta variable mundial haya hecho fallida porque es un reflejo del progreso mundial y la expresión “regreso mundial” todavía no se ha acuñado, simplemente porque no existe.
Una vez aclarada la falacia del riesgo y entendiendo que este únicamente depende del horizonte temporal y la diversificación, volvemos al problema de las personas sénior.
¿Por qué se debe de olvidar el largo plazo y sus enormes beneficios a partir de los 65 años?. ¿Quién ha dicho que a esa edad ya no se tienen objetivos a más de 10 años?. ¿Ya sólo les queda esperar la muerte año a año (corto plazo), en situación cada vez más precaria, hasta alcanzar la miseria?. Eso es edadismo financiero.
Hoy en día y en nuestra sociedad, a los 65 años es más probable llegar a vivir más de 10 años que morir antes. De hecho, la esperanza media de vida ya está en 20 años después de la jubilación y con peligrosas y alarmantes probabilidades de llegar a los 30 o más.
Por lo tanto, a la hora de gestionar sus finanzas, los seniors también deben contemplar el largo plazo. El riesgo de no hacerlo es muy elevado. Es obvio.
Voy a poner un ejemplo que me encuentro frecuentemente en personas que empiezan su vida de jubilado y en lugar de cobrar el salario pasarán a cobrar una pensión menor y me piden que les estudie como pueden compensar este Gap gracias al ahorro acumulado.
Cuando les planteo si quieren conservar o no el patrimonio, todos me dicen siempre que les gustaría dejar algo a sus herederos o simplemente preferirían conservarlo total o parcialmente por si acaso lo necesitan. Entonces les calculo un plan de rentas netas perpetuas crecientes (descontados impuestos e inflación) y les determino la cantidad máxima a percibir mensualmente sin comerse sus ahorros en pocos años. Para que no cometan un error de cálculo y les toque pedir dinero a sus hijos antes de que ya no lo necesiten.
Claramente su horizonte temporal es de largo plazo pues esperan ir cobrando esas rentas de manera perpetua y nadie me ha sabido decir exactamente en que año ya no las van a necesitar.
Pero como también tienen un objetivo a corto plazo, ir cobrando sus rentas cada mes, les planteo la siguiente solución.
Les propongo mantener o crear una cartera diversificada mundialmente mediante fondos inversión de gran capitalización con buen y largo historial que invierten en renta variable global (todo el planeta y todos los sectores). Esta CARTERA MOTRIZ será la que genere la rentabilidad neta capaz de mantener el valor del patrimonio a largo plazo.
Pero para asegurar la tranquilidad del corto plazo les planteo poner la cantidad equivalente a uno o dos años de rentas en un fondo muy conservador (FONDO DE RENTAS) que invierta diversificadamente en el mercado monetario (letras) o renta fija de corto plazo.
Desde este fondo conservador se automatiza un reembolso periódico mensual a la cuenta corriente por valor de la renta neta calculada como sostenible a largo plazo.
Una vez al año o incluso antes si hay buenas plusvalías, se van realizando los traspasos desde la cartera motriz hacia el fondo de rentas.
De esta manera se consiguen mejores rentas, durante más tiempo o incluso a perpetuidad con mayor conservación del patrimonio que sin contemplar la capitalización a largo plazo o entregando a perpetuidad el patrimonio a una aseguradora mediante la contratación de un plan de rentas vitalicias hiperconservador. Otra ventaja, es que se mantiene la propiedad y disponibilidad del capital ya que los fondos de inversión son propiedad del partícipe y reembolsables total o parcialmente en pocos días si se necesita el dinero, que nunca se sabe.
Para ilustrarlo pongo aquí tres ejemplos:
1.- VISIÓN DE LARGO PLAZO Y PERPETUA. Capital necesario para una renta perpetua neta de 3.000€ al mes creciente al 2% (manteniendo poder adquisitivo) con crecimiento del capital al 2% anual (conservación del valor real). Respuesta: 1 MM €
2.- VISIÓN DE LARGO PLAZO Y FINITA. Capital necesario para una renta neta perpetua de 3.000€ creciente al 2% con conservación del capital hasta los 100 años. Respuesta: 0,75 MM €
3.- VISIÓN CORTO PLAZO. Tiempo para una renta neta perpetua de 3.000€ creciente al 2% sin capitalizar (rentabilidad 0%) el capital de 0,75 MM anterior. Respuesta: hasta los 81 años.
Resumiendo, la edad no debe ser un condicionante a la hora de gestionar el patrimonio. A edades senior, la mayoría tenemos todavía objetivos a largo plazo y por lo tanto debemos capitalizar el ahorro de forma coherente con el horizonte temporal a riesgo de perder una parte considerable del patrimonio.